¡Me he aficionado a estos pasteles salados!
Son fáciles de preparar, socorridísimos para meriendas, comidas o cenas cuando tienes invitados (y para cuando no), ya que los puedes preparar con la antelación que quieras, incluso el día de antes, y sólo hay que darles un toque de calor a la hora de tomarlos, o incluso servirlos fríos, que también están buenísimos, eso ya a vuestra elección.
Además se pueden preparar con mil y un ingredientes diferentes, con lo que siempre habrá uno que se adapte a los gustos de cada casa.
El de hoy, con puerros y calabacín, es muy suave, de textura y de sabor, delicioso y perfecto para que los no amantes de las verduras las tomen sin darse ni cuenta.
Lucía se lo come encantada, aunque también se come las judías verdes, la lombarda, coliflor y demás verduras varias sin rechistar y sin camuflar, ¡le encantan! Pero Pablo, que no es tanto de verde, tampoco le pone ningún pero.
Ingredientes (para un molde de 25 cm):
• 1 base de masa quebrada o de hojaldre (receta)
• 3 calabacines medianos
• 5 puerros medianos
• 400 ml de nata para cocinar
• 5 huevos
• Sal y pimienta
Elaboración:
Podéis ver cómo preparar la base en la receta de la quiche de espárragos y champiñón, pinchandoaquí
Mientras la base se va horneando, preparamos el relleno.
Cortamos la parte verde de los puerros, los lavamos y cortamos en rodajas.
Pelamos y cortamos los calabacines en tacos.
Pochamos las verduras en una sartén grande con aceite.
Mientras, en un cuenco echamos los huevos y los batimos con unas varillas, añadimos la nata, sal y pimienta y mezclamos bien.
Una vez estén listas las verduras, las retiramos del fuego, las añadimos al cuenco con los huevos y la nata y trituramos con una batidora.
Si la verdura hubiese quedado con exceso de aceite, la escurrimos bien en un colador antes de añadir al cuenco.
Pasados los 10-12 minutos sacamos la base del horno y retiramos los garbanzos tirando del papel de horno. Tiene que quedar más o menos así:
Vertemos la mezcla sobre la masa y metemos al horno a 170º, durante 30 – 45 minutos, esta vez en la parte media del horno. Tiene que cuajar pero con cuidado de no pasarnos con el tiempo o se quedará muy seca. A los 30 minutos podéis probar a pincharla con un palillo en el centro y cuando salga limpio es que está lista.
A mi esta quiche me suele subir mucho y luego se me venía abajo y la superficie quedaba feilla.
¡Pero tengo el truqui para que esto no pase nunca más!
Cuando veáis que ha subido y está ya un poquito dorada, apagad el horno y dejadla dentro unos 15-20 minutos más. Luego abrís el horno y la dejáis dentro, con el horno abierto, otros 10 minutos.
¿Qué conseguimos con esto? Que con el calor residual baje despacio y no se quede fea.
La sacamos del horno y la podemos servir reciente y calentita o tenerla preparada de antemano y tomarla fría o darle un toque de calor a la hora de servirla.
¿Qué os han parecido los trucos de hoy?